martes, 30 de diciembre de 2025

Estrenos de año nuevo: La asistenta y Rondallas

 


La asistenta: triple salto mortal

Una joven -Sydney Sweeney-, con un pasado complicado, comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester, interpretados por Amanda Seyfried y Brandon Sklenar. A medida que se adentra en la vida de la familia, descubrirá secretos oscuros que pondrán en peligro su seguridad, pero quizá ya sea demasiado tarde...

Apenas cuatro líneas de sinopsis para uno de los blockbusters de la temporada. Una historia de la que mejor no desvelar nada y que me atrapó desde el principio aunque iba con cero expectativas. Ignoraba la existencia del libro de Freida McFadden, que he debido de ver decenas de veces en los escaparates sin fijarme. Y que ha tenido tal éxito que ha dado lugar a dos secuelas, que no me extrañaría que se adapten al cine si esta primera entrega tiene éxito.

Secretos tras la puerta, miradas que pueden significar más de lo que parecen, objetos en herencia, escaleras hacia el ático… El thriller sucede prácticamente por entero tras las paredes de una lujosa mansión a las afueras de Nueva York, que se convierte en un espacio angustioso, con una trama que va dando giros verosímiles hasta una traca final donde se descubre, de manera bien dosificada y con gotas de gore toda la historia.

Sweeney borda su papel como una joven con misterios que no puede contar, aportando fragilidad y, a la vez fortaleza cuando es necesario. El papel de Amanda Seyfried es más lucido, con cambios de humor que desconciertan y mantienen en tensión. Ambas son productoras ejecutivas, lo que evidencia que sus papeles están escritos a medida en el guion de Rebeca Sonnenshine. Brandon Sklenar cierra el triángulo, como el, en principio, encantador marido. Y, cuando la trama se desencadena, se luce. Y Elizabeth Perkins está extraordinaria en un breve papel en el que roba las pocas escenas en las que aparece.

La dirección de Paul Feig está al servicio de sus estrellas, con una banda sonora de voces femeninas destacadas como Sabrina Carpenter, Lana del Rey, Kelly Clarkson, Taylor Swift o Linda Rondstadt.

Al final, queda una historia que actualiza, en cierto modo, La mano que mece la cuna mezclada con Instinto básico, con un toque pulp y una denuncia eficaz de los malos tratos y el abuso. ¿Volvemos al thriller erótico de los 90?



Rondallas: el poder de la música

Un pequeño pueblo gallego sin nombre se ve sacudido por un naufragio en alta mar, en el que mueren varios pescadores. Tras un par de años en shock, la única manera de seguir hacia adelante es retomar la rondalla, una agrupación musical típica de la zona que incluye desde niños hasta ancianos, y participar en un certamen local.

Daniel Sánchez Arévalo ha vuelto al largometraje seis años después de Diecisiete. Y lo hace escribiendo y dirigiendo una historia coral encabezada por el siempre eficaz Javier Gutiérrez y un amplio reparto en el que destacan María Vázquez, Judith Fernández -con uno de los papeles más lucidos-, un divertido Tamar Novas (en trío cómico con Carlos Blanco y Xosé Touriñán), el joven Fernando Fraga y Marta Larralde.

El guion aborda la precariedad, de la dureza de la vida en el mar, de los conflictos con los seguros, la falta de oportunidades en los pueblos, las adolescencias problemáticas, la dificultad de iniciar una nueva relación tras un trauma, de compromiso, de amistad… Y todo ello permeado por la música de la rondalla, que ejerce de aglutinante para que el pueblo no se descomponga.

Tras el planteamiento y los ensayos, la trama se dirige a un final en el concurso de rondallas, donde Sánchez Arévalo se luce moviendo a las masas de músicos, en un apoteosis de sonidos que pone el broche a una comedia dramática que hace que salgas del cine con una sonrisa. Qué más se puede pedir a una feel good movie…

 

 

sábado, 13 de diciembre de 2025

Formato físico (una aventura urbana)

 


“En la calle A.A. esquina A.M. hay tres bolsas llenas de DVDs”, rezaba el whatsapp que me mandó Raquel a las 17,54 de hoy. Tardé más de una hora en verlo, estaba escribiendo. Pero salté a la calle en cuanto lo vi. Llegué corriendo, las bolsas seguían allí, aunque se habían llevado ya la bolsa de Carrefour. Llevaba una mochila, pensando que poco habría que rascar.

Pero había un tesoro. Unas 300 películas, impecables, sin polvo, con su correspondiente disco dentro de cada caja. Así que tocó hacer la criba. Estas fueron las ¡46! elegidas para acompañarme a casa.

Clásicos:

-        Breve encuentro (en Bluray)

-        12 hombres sin piedad

-        Un hombre para la eternidad

-        Vacaciones en Roma

-        Sabrina

-        Dos en la carretera

-        El gatopardo

Españolas:

-        A cambio de nada

-        El verdugo

-        El viaje a ninguna parte

-        Amanece, que no es poco

-        Bienvenido, Mr Marshall

-        Los tramposos

-        Canciones para después de una guerra

-        Plácido

Clásicos contemporáneos:

-        La red social

-        Hairspray (pirateada, único error del lote)

-        Closer

-        Love actually

-        Call me by your name

-        Trenes rigurosamente vigilados

-        Expiación

-        El festín de Babette

-        Europa (Lars von Trier)

-        Dublineses

-        Whiplash

-        Una habitación con vistas

-        La vida es un milagro

-        Enrique V

-        Lock and stock

-        Zodiac

-        El coleccionista

-        El filo de la navaja

-        El cielo protector

-        La vida de Brian

Retractiladas

-        Primera plana (Bluray)

-        Leaving Las Vegas

-        Tierras de penumbra

-        Million Dollar Baby

-        La batalla de Argel

-        Las Troyanas

-        Cadena perpetua

-        Le llaman Bodhi

-        La caza (Saura)

-        Muerte de un ciclista

Series

-        The americans (temporada 1)

¿De quién serían? Supongo que de alguien que ha fallecido. Y la familia se ha dignado ha acercar las bolsas al contenedor. Sé que muchas están en plataformas, pero uno es tan raro que le gustan los extras y los audiocomentarios.

Sé que el dueño de estas películas jamás leerá esto. Ni probablemente lo harán sus familiares tampoco. Pero quiero que sepas (o sepáis) que las vamos a disfrutar mucho en casa.

Y me pregunto qué pasará con los centenares de películas (y miles de libros y discos) que tengo por casa el día que me muera…

Cuando estaba terminando, se me ha acercado una pareja y han comentado que cuántas películas maravillosas, pero qué pena que no tenían reproductor para verlas… A la vez, ha llegado un chico italiano y, cuando se ha enterado de la historia, ha llamado a su novia para que se acercara a ver las películas que he dejado. No he querido mirar atrás mientras oía su conversación en el teléfono.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Roofman y Blue Moon: dos películas muy distintas y muy interesantes

 

Parece que el cine actual está atrapado entre franquicias, películas infantiles y cintas basadas en hechos reales. Roofman, que se estrena hoy, es un ejemplo de esto último. Y es una (muy) buena película que aparece en algunas listas como una de las mejores del año. Está basada en un historia increíble: la de un exsoldado que no puede mantener a su familia, por lo que opta por cruzar la línea y atracar hamburgueserías por un agujero en el techo. Su innovador método le dará su alias y se convertirá en protagonista de programas de sucesos e informativos.

Cuando lo descubre la policía, comienza una asombrosa huida que me tuvo pegado al asiento, con giros cada vez más fascinantes y que llevan a un final vertiginoso y las habituales imágenes reales finales, para que podamos comparar ficción y lo que verdaderamente sucedió.

El guión, del director Derek Cianfrance -al que conocimos por The Sound of Metal- está al servicio de un Channing Tatum que está estupendo como actor cómico, con toques de sensibilidad que te hacen empatizar con el personaje. La réplica, excelente, se la da Kirsten Dunst. A Peter Dinklage le toca el papel de un auténtico capullo, lo que hace la película aún más divertida. Los personajes secundarios que encarnan Ben Mendelsohn y Juno Temple añaden aún más atractivo.

Al final, queda esa radiografía de los Estados Unidos profundos, con suburbios que son idénticos en todo el país, con su McDonald’s, su ToysRus, su iglesia como aglutinante de la comunidad o esos moteles iguales vayas donde vayas.

Y unos personajes que intentan sobrevivir en la precariedad, que toman decisiones equivocadas y que, sin saberlo, se van hundiendo en un sistema que los devora.

Los 126 minutos de la película se me pasaron como un suspiro, excepto en un par de ocasiones. Pero la experiencia fue muy satisfactoria y salí de la sala con un muy buen sabor de boca. Una cinta muy recomendable con una historia que no te crees si te la cuentan. ¿Una de las mejores del año? Quizá.  

Blue Moon

Linklater y Hawke escriben una página más de su larga historia en común, con una película extraña, artificiosa, con aspectos fascinantes sobre la vida del letrista Lorenzo Hart. Y lo hace sin tomar prisioneros: Hart muere en la primera escena del largometraje y retrocedemos en un flashback a siete meses antes, a la noche del estreno del musical Oklahoma en plena II Guerra Mundial, en la que comienza su descenso a los infiernos, corroído por el alcohol en el mítico bar Sardi’s, mientras espera que lleguen los protagonistas y autores de la obra.

La película tiene un extraño acento teatral, aunque no está basada en una obra de teatro sino en las cartas que Hart escribió a su última musa, Elizabeth Weiland, que encarna Margaret Qualley, en una relación entre la fascinación el morbo y el voyeurismo. La obstinación de Linklater por mostrar la pequeña estatura de Hart hace que apueste por encuadres extraños que no terminé de entender. El extraño peinado de cortinilla (o de ensaimada) que luce Hawke tampoco ayuda.

La historia se articula por las conversaciones con varios personajes: además de Weiland, un fiel camarero -Bobby Cannavale- que le sirve alcohol aunque sabe que no puede; un joven pianista aspirante a compositor que le pide consejo mientras interpreta standards y, sobre todo, la relación con Rogers, un Andrew Scott premiado por este papel en Berlín que parece haber recibido el galardón como una pedrea a la película por no haber podido dar el Oso a Hawke.

Hart sabe que su vida se desmorona y trata de aferrarse a Rogers como el náufrago a una tabla. Pero el compositor ya ha comenzado a trabajar con Hammerstein. Y juntos se convertirán, a partir de esa noche de éxito, en la pareja mítica de los musicales y el cancionero clásico estadounidense.

La película refleja bien ese punto de inflexión, esa momento en la que las vidas de casi todos van a cambiar: ya se oyen los ecos del fenómeno fan que está provocando Frank Sinatra y que va a revolucionar el mundo del espectáculo.

Y queda la música, claro. Decenas de melodías maravillosas, además de Blue Moon, que van sonando al fondo en el piano y que van punteando la acción. El conjunto, al final, es bueno. Y desolador: un talento que se va descomponiendo pese a que está tocado por la gracia del arte. Un gran Hawke que seguirá pariendo películas tan notables como esta. Un recuerdo a esa música que descubrí oyendo a Carlos Pumares entre las sábanas, hace tantos años. Y ese Linklater que no para, porque estoy deseando ver ya Nouvelle Vague. Que no pare nunca el cine.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Un rescate de hemeroteca



Hace casi cuatro años me pidieron un perfil de Juan Carlos I para una revista. Como me temo que es inencontrable, se me ha ocurrido rescatarlo por aquí en el 50 aniversario de su proclamación, por su hubiera alguien interesado. 

Los muchos exilios de Juan Carlos I

Javier Granda Revilla, periodista

5 de enero de 1938. Clima prebélico en Europa y guerra civil en España. En Roma, la princesa María de las Mercedes de Borbón y Orleans da a luz a un niño. En el bautismo, oficiado por el futuro papa Pío XII, recibirá el nombre de Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. Su abuelo, Alfonso XIII, ha huido a Italia unos años antes. Su padre, Don Juan, es el incierto heredero al trono de España, tras las renuncias de sus hermanos mayores. Para diferenciarlo de su padre, al niño le llamarán siempre Juanito.

Las relaciones entre Franco y Don Juan fueron siempre muy tirantes: el heredero al trono se presentó voluntario en agosto de 1936 para combatir en el bando nacional en Dancharinea, un pequeño pueblo navarro. Fue conducido a Burgos, donde se entrevistó con miembros de la Junta de Defensa Nacional franquista, que le disuadieron. Al fallecer Alfonso XIII, se acercó al régimen nazi para restaurar la monarquía pero la diplomacia alemana le manifestó que no iba a apoyarle.

El progresivo reconocimiento internacional del régimen de Franco propicia el acercamiento de Don Juan a Franco. Así, se concierta una entrevista en el yate Azor y se decide que el príncipe Juan Carlos estudiará en Madrid, con un grupo reducido de alumnos. Antes, ha estado interno en Friburgo. Como recordará Juan Carlos en su libro de conversaciones con José Luis de Vilallonga, sus padres no le llaman por teléfono para forjar su carácter.

La llegada por primera vez a España, en el Lusitania Express, es desangelada: es el 9 de noviembre de 1948 y las autoridades franquistas le hacen apearse en Villaverde, una estación de transporte de mercancías cercana a Madrid, ya que se temían un gran recibimiento monárquico. Tras pasar por el Cerro de los Ángeles, le llevan a Las Jarillas, una finca reconvertida en colegio. El tira y afloja de su padre con Franco hará que no regrese a España en septiembre de 1949. Resuelta la tensión vuelve en otoño de 1950 junto a su hermano pequeño, Alfonso, que fallecería de un tiro en la cabeza en Estoril en las vacaciones de Semana Santa de 1956 en un incidente que nunca se ha terminado de aclarar.

José Luis Leal era uno de los niños que estudió en Las Jarillas. “Me uní en enero de 1949: vivíamos de lunes a jueves allí y yo pasaba los fines de semana en casa mientras que él viajaba por España, para conocerla. Aunque alguna vez le acompañé, como cuando fuimos a las cuevas de Altamira y Santillana del Mar. El segundo año, aunque no estaba el príncipe, continuamos las clases en el palacio de Montellano, en el centro de Madrid. Cuando se reincorporó, nos fuimos a San Sebastián, al palacio de Marimar y se añadieron también Alfonso y sus ocho compañeros. El nivel de estudios era alto, profesores del Instituto San Isidro de Madrid nos comprobaban el nivel. Y el trato del profesorado, al ser tan pocos alumnos, era individualizado”, recuerda. 

Tras finalizar el bachillerato, en el verano de 1954, comenzará su formación militar en las Academias de Tierra, Marina y Aire. Posteriormente, la complementará con diferentes asignaturas de Derecho, Economía y Hacienda.

1954 también es un año clave: Juan Carlos conoce a Sofía en el crucero de 13 días organizado –y pagado– por la reina Federica de Grecia con el doble objetivo de promocionar el turismo del país heleno y de fomentar los matrimonios reales. Pero no sería hasta junio de 1961 en Londres, en la boda de los duques de Kent, cuando se enamoran. El compromiso se anunciará apenas tres meses después y la boda se concierta para el 14 de mayo de 1962. La ceremonia, por el rito ortodoxo y católico, estuvo a punto de retrasarse por una lesión de Juan Carlos mientras practicaba judo. Franco decidió que se habilitara el palacio de la Zarzuela, un antiguo pabellón de caza en el Monte de El Pardo, para que residiera allí la real pareja. En 1963 nacería Elena y un par de años después, Cristina. Felipe nacería el 30 de enero de 1968.

Relación con Franco

Juan Carlos confesará a Vilallonga que aprendió de Franco “a ver, oír y callar” y que le trató “como el hijo que no tuvo”. A la periodista británica Selina Scott le recalcó que no permitía que nadie hablara mal de él en su presencia. El principal consejo del dictador fue que se diera a conocer, recorriendo toda España.

Pero este acercamiento entre ambos despertó recelos en el conde de Barcelona, que se acrecentaron en 1966, cuando se celebró un acto en Estoril para conmemorar el 25 aniversario del fallecimiento de Alfonso XIII. En realidad, era un intento de reafirmar la legitimidad de Don Juan. En el último momento, aconsejado por su esposa, Juan Carlos canceló su asistencia alegando una indisposición.

Y, pese a que había declarado a la prensa que jamás aceptaría la Corona con su padre vivo,  en 1969 Franco inventa el título de príncipe de España y las Cortes le designan sucesor a título de rey, causando la ruptura entre padre e hijo durante ocho años.

Pero un nuevo frente sucesorio se abre apenas tres años después: en 1972 se casan Carmen Martínez-Bordiú con Alfonso de Borbón. La nieta de Franco con el primo de Juan Carlos, que se considera heredero al trono al ser hijo del primogénito de Alfonso XIII. La boda se celebra en el Pardo y a ella asisten personalidades como Balduino y Gracia de Mónaco, Imelda Marcos o la Begun.

Pese a los intentos de Carmen Polo y otros jerarcas franquistas partidarios del inmovilismo, la opción de coronar a Alfonso de Borbón no prosperó. El matrimonio acabó en separación siete años después y él falleció decapitado en 1989, a los 52 años de edad, en un accidente de esquí en Colorado.

El declive de la salud de Franco se acentúa a partir de 1970, que empeora cuando ETA asesina a Carrero Blanco en diciembre de 1973. Siete meses después, sufre una flebitis. Este hecho propicia que el príncipe asuma interinamente la jefatura del Estado, pese a su intención de que el traspaso fuera definitivo. La agonía comienza el 25 octubre de 1975 y Juan Carlos renuncia a asumir temporalmente el poder. Cinco días después, se le informa que la enfermedad es terminal, por lo que sí acepta en esta ocasión.

De la ley a la ley

Al día siguiente de la muerte de Franco, Juan Carlos acata los Principios del Movimiento y proclamado rey de España un día después. Elige entonces al jurista Torcuato Fernández Miranda para derribar, “de la ley a la ley”, el entramado jurídico franquista y convertir la dictadura en una democracia, con una nueva Constitución. Como piloto de la ya denominada ‘Transición’, elige a Adolfo Suárez “por ser joven y moderno”, como confesó a Vilallonga.  

El advenimiento de la democracia tendrá que enfrentarse a numerosas dificultades, como la crisis económica, el terrorismo etarra o la resistencia al cambio de determinados estamentos. La legalización del Partido Comunista causa también un gran malestar en algunos sectores del ejército. El denominado ‘ruido de sables’ amenaza primero con el intento de golpe de estado de la Operación Galaxia, a finales de 1978: se pretendía, aprovechando un viaje a México del rey, asaltar el palacio de Moncloa, secuestrar a Suárez y forzar un cambio de régimen.

Uno de los asistentes denunció a sus compañeros de complot, que fueron condenados a unos pocos meses de cárcel. Entre ellos, se encontraba el coronel Antonio Tejero, que volvió a intentar otro golpe la tarde del 23 de febrero de 1981. Suárez, harto de las tensiones de su partido UCD y desencantado por lo que consideraba falta de apoyo del rey, había decidido dimitir. Durante la votación de investidura en las Cortes del nuevo presidente, Leopoldo Calvo Sotelo, el guardia civil entra pistola en mano mientras que sus compañeros de armas disparan al techo. La sesión estaba siendo retransmitida por radio y el ruido de los tiros y los gritos de los golpistas causan estupor e incertidumbre en la opinión pública, que observa también horrorizada los tanques por las calles de Valencia y la toma de los estudios de Televisión Española de Prado del Rey.

La noticia llega a Zarzuela mientras el rey juega al squash. Se organiza un gabinete de crisis, liderado por el secretario de la Casa Real Sabino Fernández Campo y al que asiste el príncipe heredero. Juan Carlos comprueba, con horror, que el General Armada –uno de sus preceptores– está implicado. Las sucesivas llamadas a las diferentes regiones militares muestran que el golpe carece de apoyos suficientes. Se consigue que un cámara se desplace al palacio y Juan Carlos graba un mensaje reclamando la rendición de los sublevados. Se graban dos discursos y se mandan a TVE dos cintas por dos conductos distintos, para asegurarse que llegue al menos una. La emisión del mensaje, ya de madrugada, permite respirar a la ciudadanía. A la mañana siguiente, Tejero abandona.

¿Estaba implicado Juan Carlos en el golpe? Durante décadas se ha especulado del tema, pero no ha aparecido ningún documento o testimonio que lo pruebe. Su actuación cimenta su figura, que se va acrecentando cuando el Partido Socialista Obrero Español gana, por mayoría absoluta, las elecciones de 1982 y se produce el traspaso de poderes sin altercado alguno.

Primeras fisuras

En los 80, España se consolida como un país moderno, ingresando en la Unión Europea en 1986. El despegue económico propicia la celebración primero del mundial de fútbol y, diez años después, de los Juegos Olímpicos y la Expo. Sin embargo, justo antes de que comiencen las competiciones atléticas, aparecen las primeras fisuras en su imagen: una información del diario El Mundo de junio de 1992 provoca una gran polémica al hablar por primera vez de la vida privada del monarca, revelando que se encontraba en Suiza en un asunto privado. Apenas dos meses después, se publicó el nombre de una supuesta amante, Marta Gayá. También despertaron mucha polémica la exclusiva concedida a la periodista británica Selina Scott, con acceso ilimitado a la Zarzuela y Marivent, y el libro de memorias dictado a José Luis de Vilallonga.

“En aquel entonces sentó muy mal aquella escapada a Suiza: había mucho respeto y no se criticaba nada. Todo eran aplausos al rey. Había una especie de pacto de silencio por el bien del país y de la economía. Pero aun en ese ambiente de respeto y alabanza continua, se criticó. Había que ser muy osado para meterse con la Casa Real entonces”, subraya Beatriz Cortázar, periodista experta en crónica social del diario ABC.

El goteo de informaciones sobre posibles negocios irregulares del monarca, así como de otras amantes, es constante. José García Abad fue el primero que, en 2004, un libro en la que  denunciaba casos como KIO. “Se titulaba La soledad del rey y expliqué todas las aventuras financieras del monarca. Desgraciadamente, no conseguí que la prensa se hiciera eco”.

Campechanismo y más escándalos

Las sucesivas bodas reales de las infantas y el príncipe proporcionan un baño de multitudes a la corona, con numerosas alusiones al campechanismo del rey y su cercanía a la gente. Pero el escándalo es imparable cuando se imputa en 2011 a Iñaki Urdangarín, casado con su hija Cristina. “Fui también el primero en publicar de este tema en 2006 y entonces el rey me mandó mensajes de preocupación. Hasta me llamó Urdangarín indignado. Pero pasaron muchos años hasta que la prensa se ocupó del tema”, lamenta García Abad.

Pero el vaso se desborda en 2012 cuando sufre –con el país sumido en una grave crisis económica– una fractura de cadera durante una cacería de elefantes en Botsuana, en la que estaba acompañado por la empresaria alemana y ‘amiga entrañable’ Corinna Larsen. Pese a que pedirá perdón al salir de la clínica, su imagen pública estaba muy deteriorada y empeoró aún más al conocerse las comisiones multimillonarias que, supuestamente, recibió por cerrar diferentes negocios en los países del golfo Pérsico.

“Todos estos escándalos dejan una mancha que toca su reputación, su figura y oscurece su papel como monarca: todos reconocen su importancia en la Transición, pero es inevitable que todo lo que ha pasado deje huella en su imagen”, opina el experto en comunicación política Euprepio Padula y presidente de Padula & Partners.

“Un rey, me dijo mi padre, no debe abdicar. No tiene derecho a hacerlo”, recalcó a Vilallonga en su libro. Sin embargo, abrumado por las circunstancias, lo hizo en junio de 2014. No cesaron de publicarse informaciones escandalosas, lo que propició primero su retirada de la vida pública a mediados de 2019 y su salida de España, en agosto de 2020, con destino a Abu Dabi. “Morir en el exilio debe ser lo peor que le puede suceder a un hombre”, había confesado en el citado libro.

Despiece: Una tumba en…

La gran mayoría de los reyes y reinas, desde Carlos V, han sido enterrados en los últimos cinco siglos en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial. Las excepciones son Felipe V –que prefirió el Palacio de La Granja, en Segovia– y Fernando VI, en el convento de las Salesas Reales de Madrid. Tampoco están Amadeo de Saboya ni José Bonaparte, que fueron sepultados en Turín y París, respectivamente.

 El empeño de Juan Carlos en que sus padres fueran enterrados también en el Panteón Real ha provocado que los 26 sepulcros estén a punto de ocuparse, ya que Don Juan y Doña María de las Mercedes se encuentran en el denominado pudridero real, un cuarto cercano sin luz ni ventilación donde los restos mortales permanecen entre 20 y 30 años cubiertos de cal. Pasado ese plazo, se trasladarán a sus respectivas tumbas, pese a que no reinaron.

¿Dónde se enterrará, por tanto, al rey Juan Carlos el día que fallezca? La solución que se ha propuesto es devolver a Carlos V, a Felipe II y a sus esposas Ana de Austria e Isabel de Portugal a su primitivo enterramiento, situado a los pies del altar mayor de la basílica. Otra opción que ha barajado Patrimonio Nacional es la construcción de una nueva cripta que linde con la original, excavando debajo del jardín del monasterio. Al parecer, esta opción se congeló por la aversión de Juan Carlos a que se mencione cualquier tema referido a su fallecimiento.

Pilar Eyre, experta en la figura de Juan Carlos I, acaba de publicar la biografía novelada Yo, el Rey y coincide en que la gran pregunta es dónde será enterrado. “Todos los grandes dignatarios tienen diseñados sus funerales con antelación. También los de Don Juan Carlos, nada se deja al azar. Pero no se sabe qué pasará: puede darse la paradoja de que Don Juan, que no fue rey ni un solo día, esté en el Panteón Real, fue enterrado con honores de rey y figure como Juan III. Y, él, que ha reinado más de 40 años, acabe siendo enterrado como un ciudadano normal y quizá incluso en el extranjero porque creo que no va a volver. Solo lo haría si le reclama una causa judicial o si enferma y el final es inminente”, afirma.

Despiece 2: Casualidades y enfermedades

La corona llegó a Juan Carlos –y antes a Don Juan, su padre– por una serie de casualidades y carambolas dinásticas. Una de las más curiosas es que Alfonso XIII es un caso único en el mundo, ya que fue rey desde el momento en que nació. Cuando cumplió 19 años, en 1905, el diario monárquico ABC publicó las imágenes de las princesas europeas ‘casaderas’ de entre 18 y 23 años y preguntó a sus lectoras por su preferida: debían enviar un cupón con la respuesta y se sortearía un abanico entre todas las cartas recibidas.

La princesa elegida, por amplia mayoría, fue Victoria Eugenia de Battemberg, sobrina del rey de Inglaterra y nieta de la reina Victoria. El día de su boda sufrieron un atentado del que salieron ilesos, pero que mató a ocho soldados del séquito y a tres personas que veían el cortejo nupcial desde los balcones de la calle Mayor de Madrid.

Victoria Eugenia había heredado el gen de la hemofilia de su abuela y se lo transmitió a dos de sus hijos: Alfonso y Gonzalo. El primero, príncipe de Asturias, renunció al trono en 1933, a los 26 años, para casarse con la cubana Edelmira Sampedro, a la que había conocido en un sanatorio en el que estaba tratándose de su enfermedad. El matrimonio apenas duró cuatro años y Alfonso se casó de nuevo, esta vez con una modelo cubana llamada Marta Rocafort. La relación duró aún menos, apenas unas semanas, con divorcio a los seis meses de la ceremonia. Vivió apenas ocho meses más: tuvo un accidente leve con su coche en Miami, al chocar contra una cabina de teléfonos. Pero la hemorragia interna que se produjo no pudo cortarse, por lo que falleció.

Jaime, el segundo de los hijos de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, se quedó sordo a los cuatro años por una intervención quirúrgica. Cuando su hermano Alfonso renunció a los derechos para casarse, Alfonso XIII le pidió que hiciera lo mismo al considerarle incapacitado y así hizo, en una habitación de hotel, en junio de 1933. Sin embargo, en 1949 trató de invalidar esa decisión para renunciar de nuevo en 1969, cuando Franco designa a Juan Carlos como sucesor. Pero todavía intentó que el dictador designara a su hijo Alfonso como sucesor. Murió en marzo de 1975, en Suiza.    

 

 

 

 



viernes, 7 de noviembre de 2025

Bugonia: Lanthimos mete a todos los géneros en su batidora


Me hubiera encantado estar presente en las reuniones de productores de Bugonia. Ver tomar decisiones creativas a Yorgos Lanthimos, Ari Aster y Emma Stone debe ser verdaderamente fascinante.

Al igual que en Pobres criaturas o en La favorita, el griego parte de material ajeno. En este caso, la delirante película coreana Salvar al planeta Tierra, depurada y sublimada por el guionista Will Tracy -conocido por Sucession o El menú- en una historia que transforma a la pareja original en dos primos obsesionados con las conspiraciones y negacionismo. Jesse Plemons repite con Lanthimos tras Kinds of Kindness, en este caso como líder de esta microsecta y gurú de Aidan Delbis. Está soberbio y aterrador, dando una clase de interpretación y de contención, en un papel que podía ser muy pasado de vueltas.

La reina de la función es, como no puede ser de otro modo, Emma Stone, en su cuarta película con Lanthimos, con una interpretación en la que lo da todo en lo físico y en lo espiritual. Encarna a una ejecutiva de una multinacional que se convierte en la obsesión de los primos, que la raptan ya que está convencidos que es una extraterrestre de Andrómeda y ha acudido a la Tierra a destruirla.

Este planteamiento delirante se va cociendo a fuego lento, describiendo cómo la conspiranoia se va apoderando de determinadas personas y cómo condiciona su día a día, con consecuencias aterradoras en su salud y su alma. La relación entre secuestrada y captores va avanzando la trama, en un triángulo apasionante de dependencias, obsesiones y fascinaciones, en el que se mezcla humor, drama, horror, gore y ciencia ficción, en una estructura circular que hace que la película acabe de la misma manera de la que comienza.

Los otros dos secundarios, el humorista Stavros Halkias y Alicia Silverstone -que está irreconocible-, proporcionan al guión elementos aún más aterradores, punteado por una extraordinaria banda sonora de Jerskon Fendrix, que alterna música melódica y atonal.

Al final, en la batidora de Lanthimos entra absolutamente de todo. Pero el resultado de la mezcla me resultó extraordinario y verdaderamente aterrador. Y conecta, extrañamente, con varias películas recientes de la cartelera, como La vida de Chuck, Eddington -aunque los papeles de Stone sean muy opuestos en ambas- o Una batalla tras otra, que siguen en mi cabeza muchos días después de verlas.

En resumen, una película fascinante pero para no todos los paladares. Si se entra en el juego de Lanthimos, la experiencia es apabullante. Y aterradora. Y con la curiosidad de saber cuál será su próxima transgresión. Emma Stone ganará un pastizal con Cruella 2, que ojalá le otorgue un colchón financiero que le permita seguir produciendo y protagonizando apuestas tan arriesgadas como esta.

Y, si alguien tiene curiosidad respecto al título, mejor esperar al final: es la última pieza del puzzle. Y el resultado es más que satisfactorio. 

viernes, 31 de octubre de 2025

Together y Monsieur Aznavour: horror en pareja y la biografía de un mito

 


El debut en el largo del australiano Michael Shanks es una de las películas más malrolleras que he visto en mucho tiempo. La historia, escrita también por Shanks, narra una relación de pareja en descomposición, que opta por mudarse al campo para intentar salvarla. Ella, encarnada por Allison Brie, renuncia a un buen puesto para ser maestra rural; él, interpretado por James Franco, es un músico indie que intenta seguir con la vida de giras pese a estar lejos de todo.

La película, que han producido ambos -son pareja en la vida real- parece una consecuencia directa del éxito de La sustancia el año pasado. Y, como no puede ser de otra manera, se ven ecos de Cronenberg y de su nueva carne.

La química entre Brie y Franco es innegable. Todo parece ideal en su nueva vida hasta que un accidente en el campo -el cabrón del campo, que decía que el gran Luis Carandell- provoque que comiencen una serie de fenómenos paranormales que afecta a la relación de pareja. La mezcla de body horror y humor está muy lograda y uno no sabe si temblar o reír.

La tensión está muy bien cocinada, va creciendo hasta que la situación es casi imposible, con un excelente trabajo actoral de ambos (especialmente Brie), con un resto del elenco que apenas son meras comparsas.

El clímax final quizá hubiera estado mejor que no estuviera tan explicado. Pero el final es aterrador y que puede que te replantees algunos aspectos de tu relación de pareja. Y eso sí que puede ser verdaderamente aterrador. Una película desasosegante y muy recomendable para pasar miedo este Halloween.


En cuanto a Monsieur Aznavour, es un biopic canónico sobre la estrella de la canción francesa que llega hoy a las pantallas españolas, tras varios retrasos. La película comienza con Aznavour hablando con su hermana y confesora, admitiendo que está arruinado y que se lo juega todo en su siguiente concierto en París. Flashback a la infancia, cuando la familia armenia Aznavourian llega a Francia, huyendo del genocidio turco, y pasa todo tipo de penalidades. Por cierto, que me fascina la cara de viejo que tiene el niño que interpreta al joven Aznavour. Enhorabuena a los encargados del casting.

Se encadenan entonces toda suerte de azares para que el joven Charles empiece a cantar y a profesionalizarse, luchando siempre con la falta de dinero. Su único proyecto de vida, como se recalca, es el proyecto Aznavour. E irá soltando lastre para alcanzar el objetivo del éxito mundial, aunque para ello tenga que dejar atrás a familia, amigos o incluso mentores de la talla de Edith Piaf.

Tahar Rahim (Un profeta, La serpiente) hace una gran interpretación del cantante y actor, llega a confundirse con él. Recibió este año una merecida nominación al César, la película también fue candidata a vestuario y diseño de producción. En la dirección en el guión y vuelven a coincidir Mehdi Idir y Grand Corps Malade (¿uno de los mejores pseudónimos de la historia del cine?), tras Patients y Los profesores de Sant Denis y que fueron elegidos por el propio Aznavour para dirigir el proyecto. Cuentan con el hándicap que tener que reconstruir el París o el Nueva York con efectos digitales, pero aprueban con nota, con otra nominación en los César.

Al final, tras 133 minutos que se me pasaron rápido, queda sobre todo la música maravillosa (que va impulsando la historia con las canciones más conocidas, con guiños al hip hop de Grand Corps Malade), las ganas de escuchar discos de Aznavour, la gran trabajo físico de Rahim, un extraordinario plano secuencia sobre el concierto triunfal del principio e infinidad de detalles curiosos de un personaje a descubrir. Un biopic interesante, formulaico, pero que merece mucho la pena.  

  

jueves, 16 de octubre de 2025

La vida de Chuck: atrévete a bailar

 


No soy especialmente fan de los libros de Stephen King, aunque he visto casi todas las adaptaciones al cine y espero con curiosidad La larga marcha y Running Man. La vida de Chuck, que nos llega con cuatro meses de retraso tras el estreno estadounidense de junio, proviene de un relato breve que se ha estirado a 110 minutos en pantalla. Y con la curiosidad de que está contado desde el final: vemos a un profesor de colegio que interpreta Chiwetel Ejiofor que comienza a ver cómo se desmorona el mundo a su alrededor, con fallos en los teléfonos y en las comunicaciones y un misterioso anuncio omnipresente de un tal Chuck, al que se le agradecen los 39 años de servicios prestados en su trabajo.

La tensión va creciendo, como sucede siempre en las obras de King y vamos viendo la historia del profesor y de su expareja -Karen Gillan- en este mundo en descomposición.

En el segundo acto aparece un Tom Hiddleston absolutamente excelso, que se luce en todos los planos. Una escena, especialmente, creo que va a pasar a la historia del cine y nos da pistas para el gran final del primer episodio, en el que se dan todas las respuestas de la trama y a un final apoteósico.

La vida de Chuck es una película sobre la alegría de vivir, sobre la importancia de aprovechar los momentos, sobre la importancia de la música y del baile -con canciones maravillosas de los 80 y de otras décadas- y, aunque Hiddleston es la estrella, el reparto es muy coral, con cameos nostálgicos de Mark Hammill y (ay) Mia Sara.

Al final queda una fábula simpática, emotiva y tierna, con ese regusto al King de Cadena Perpetua o de La milla verde, que nos anima a disfrutar de esas gotas de felicidad entre las amarguras del día a día.

Esperaba una dirección de Mike Flanagan más afilada y terrorífica, pero ha optado por un enfoque muy amable, dirigido a toda la familia, siguiendo la senda de Frank Darabont. Y, al salir de la sala, te queda la pregunta de si estás haciendo todo lo posible para aprovechar la vida, dejar el móvil, poner música y dejarse llevar por el baile.

PD: mejor no leer la sinopsis de FilmAffinity. El spoiler arruina absolutamente la experiencia.