sábado, 18 de julio de 2026

Casi nadie sabe qué pasó aquí el 12 de julio de 1936



Ayer pasé por casualidad por la calle Fuencarral y me detuve en esta esquina de la foto. Ya casi nadie recuerda al teniente Castillo y cómo su muerte desencadenó una serie de dramáticos acontecimientos que desembocaron en la guerra. ¿Hace falta especificar cuál? No parece haber otra...

He recordado un reportaje en MUY de hace seis años el que cito a Castillo y que creo que solo está en papel. Así que si hay alguien interesado, aquí va:

La muerte de Calvo Sotelo

Javier Granda Revilla

El turbulento año de 1936 tiene un prólogo en diciembre de 1935, cuando el gobierno de Joaquín Chapaprieta cae, al quedarse en minoría por el escándalo del Estraperlo, que obliga a prescindir de todos los ministros del partido de Lerroux. Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, decide no pedir al líder derechista Gil-Robles que forme gobierno, pese a ser la opción más votada. José Calvo-Sotelo, uno de los políticos de referencia en la derecha junto al propio Gil-Robles y a Antonio Goicoechea, está en la cama enfermo por un ataque de ciática. Pero esta negativa a que la derecha lidere el gobierno supone, desde su punto de vista, un golpe de estado liderado desde presidencia. Pese a que intenta conectar con diferentes militares –como Franco, Fanjul y Goded– para que lo impidan, estos le ignoran por la cercanía de los hechos revolucionarios de 1934 en Asturias.

Alcalá Zamora decide entonces encargar la formación de gobierno al centrista Manuel Portela Valladares e intenta retrasar las reuniones parlamentarias y que, así, el nuevo gobierno tenga tiempo de consolidarse antes de las elecciones. Calvo Sotelo, conocedor de muchos de los resortes jurídicos al ser abogado del Estado y haber sido ministro en la dictadura de Primo de Rivera, denuncia en la comisión permanente de las Cortes la maniobra, obligando a Alcalá Zamora a disolver la cámara. Es el 2 de enero de 1936 y las votaciones se celebrarán el 16 de febrero en primera vuelta y el 1 de marzo en la segunda.

Temiendo la previsible victoria de la izquierda, Calvo Sotelo vuelve a pedir a Franco que los militares se alcen antes de los comicios, pero de nuevo se niega. Los resultados confirman sus predicciones, con una gran victoria de la izquierda, que se echa a la calle y solicita la liberación de los condenados por la revuelta asturiana de 1934. Portela Valladares, pese a las presiones de los políticos de derechas, no quiere declarar el Estado de Guerra y dimite. Será Manuel Azaña, el 19 de febrero, el nuevo encargado de formar gobierno.

Jefe monárquico

A Calvo Sotelo se le acusa de haber ganado su acta con irregularidades, por lo que se le anula. Tendrá que hacer un gran esfuerzo en la cámara para que se la devuelvan, circunstancia que se repite con Gil-Robles. Quien sí la pierde es Goicoechea, lo que permite a Calvo Sotelo convertirse en jefe parlamentario de la minoría monárquica y comenzar una serie de virulentos ataques dialécticos en el hemiciclo: al haber censura en la prensa, no pueden publicarse las cifras de muertos, heridos e incendios que se producen casi a diario. Pero, al citarlos Calvo Sotelo en los plenos y quedar registrados en el diario de sesiones, sí pueden ser reproducidos por la prensa derechista. El listado será, a partir de entonces, parte indispensable de sus intervenciones, con alusiones nada veladas a que el ejército restableciese el orden.

El enfrentamiento con Casares Quiroga, presidente del Gobierno, es especialmente intenso el 16 de junio. Después de enumerar los desmanes que considera que permite el gabinete, se muestra favorable a un estado fascista y a que el ejército dé un golpe de estado. La bronca que recoge el diario de sesiones debió ser impresionante y Casares Quiroga recalca que, si el ejército se subleva, Calvo Sotelo será el máximo responsable. Este responde que se siente amenazado pero que tiene “anchas espaldas” y que acepta “con gusto” cualquiera de las responsabilidades que se puedan derivar de sus actos “si son para el bien de mi patria”.

Es entonces cuando se produce unos de los momentos míticos del parlamentarismo español: al parecer Dolores Ibárruri, ‘Pasionaria’, reacciona gritando que es una vergüenza que la República aún no haya juzgado a Calvo Sotelo por haber sido ministro durante la dictadura. Sin embargo Josep Tarradellas, años después, asegurará que lo que dijo fue que Calvo Sotelo había hablado por última vez, algo que no se recoge en el diario de sesiones. Ibárruri respondió siempre que ella jamás había proferido eso. Salvador de Madariaga, que era parlamentario entonces, dejó escrito que la frase que él escuchó fue: “Este es tu último discurso”.

En la sesión del 1 de julio, Calvo Sotelo vuelve a tomar la palabra, iniciándose una gran bronca que obliga a que termine su intervención. La tensión aumenta, con intentos de agresión al diputado cedista Bernardo Aza, que son repelidos por los propios secretarios de las Cortes. Aza es expulsado de la cámara en medio de lo que el diario ABC describe como un griterío ensordecedor. Gil-Robles, en sus memorias, recuerda que ‘Pasionaria’ gritaba “hay que arrastrarlos”.  

Tensión en el desfile

Este clima de violencia parlamentaria era un reflejo de la violencia en la calle. Como recuerda Ian Gibson en su libro “La noche que mataron a Calvo Sotelo”, los enfrentamientos en la calle se multiplican a partir del desfile militar del día de la República, el 14 de abril. Llueve y la tensión se masca y basta el ruido de una traca que lanza un falangista borracho para que todas las personalidades de la tribuna de autoridades se lancen cuerpo a tierra, pensando que es un atentado para matar a Azaña y a Martínez Barrio.

Pero, cuando empieza a desfilar la Guardia Civil, que se considera un cuerpo “derechista”, comienzan los abucheos y las discusiones entre el público. De repente, se oyen tiros delante de la tribuna presencial y cae muerto, con balas en la espalda, el alférez de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes, que presenciaba la parada vestido de paisano. Los historiadores no se ponen de acuerdo ni quién le mató ni el motivo.

El gobierno, al día siguiente, trata de torpedear el entierro para que se celebre en la intimidad, porque temen que se convertirá en una ceremonia de exaltación derechista, como así sucederá: la esquela en ABC aparece censurada, sin hora y se altera el recorrido para que acuda menos gente. Todos los intentos no pueden evitar que, el 16 de abril, se arremoline un gentío y que comiencen los incidentes, con varios tiroteos sobre el cortejo, causando varios muertos.

Los incidentes más graves se producen cuando el director de seguridad José Alonso Mallol, ordena a la Guardia de Asalto disolver la manifestación de duelo. El teniente José del Castillo es el responsable al mando y ordena abrir fuego contra el gentío. Uno de los que caen fulminados, con pérdida de masa encefálica, es el estudiante falangista de 24 años Andrés Sáez de Heredia. Es hermano del director de cine José Luis Sáenz de Heredia y primo de José Antonio Primo de Rivera.

Amenazas al teniente Castillo

No se ordenaría una investigación oficial lo que sucedido, lo que exacerba a los conservadores, que señalan a Castillo. Militar de carrera, ha sido compañero de colegio de Federico García Lorca en Granada. En los años 30, entra en política, influenciado por su amigo, el teniente Fernando Condés. Tras el entierro, es amenazado y sufre varios intentos de asesinato. Aun así, se casa el 20 de mayo con su novia.

El 12 de julio, después de dar un paseo, se dirige a pie al cuartel de Pontejos, donde debe entrar para el turno de noche. A pocos pasos de su casa, es interceptado por varios pistoleros, que le abaten sin que pueda ni siquiera desenfundar su arma reglamentaria. La identidad de sus asesinos sigue siendo objeto de debate: para Paul Preston y Gabriel Jackson, eran falangistas mientras que Gibson, en el citado libro, da el nombre de varios requetés.

El cadáver del militar es conducido a la Dirección General de Seguridad, donde se instalará la capilla ardiente. Al lado, en el cuartel de Pontejos, sede de la Guardia de Asalto, llega la noticia y se despierta una oleada de indignación entre los compañeros de Castillo. Se acercan también amigos de Castillo como Condés –ahora en la Guardia Civil y al que ha avisado un primo suyo, cabo en la Guardia de Asalto– y militantes socialistas de ‘La motorizada’ una milicia que se encargaba de hacer de guardaespaldas de Indalecio Prieto en los actos públicos y que era entrenada por Castillo y por Condés.

Varios policías piden a Moles, responsable de seguridad, permiso para detener a elementos falangistas ya que dan por seguro que de esos círculos parten los asesinos. Moles acepta, siempre que se arresten personas con antecedentes y conducidos ante la autoridad. De Pontejos parten varias potentes camionetas: están fabricadas por Hispano Suiza y cuentan con seis filas de asientos y ocho puertas. Se utilizan para que unos 20 guardias de asalto puedan llegar al lugar donde se produzcan disturbios, salir rápidamente del vehículo y sofocarlos.

La camioneta 17

Las diferentes camionetas parten con listas de personas a detener. Una de las últimas es la número 17. En el barullo, como enumera Gibson en su libro, ha sido ocupada por “10 o 12 guardias de Asalto” y “cuatro jóvenes socialistas que fueron confundidos con guardias vestidos de paisano”, estando al mando de Condés. Acuden a casa de Gil-Robles, que es encuentra en Biarritz, y de Goicoechea, que también está ausente.

Enfilan entonces a Velázquez 89, domicilio de Calvo Sotelo. Son, aproximadamente, las tres de la mañana. La escolta del político, en el portal, deja pasar a Condés porque muestra su carnet de guardia civil. Este sube, seguido de varios guardias de asalto y entran en el segundo piso, alegando un registro. Exigen entonces a Calvo Sotelo que les acompañe a la Dirección General de Seguridad. Él replica que tiene inmunidad parlamentaria pero, cuando Condés muestra de nuevo su carnet, accede. Diversas fuentes señalan que ha intentado comunicar por teléfono, pero o lo han arrancado o lo han averiado. Se despide de su familia prometiendo que les llamaría en cuanto llegue su destino “a no ser que estos señores se me lleven para darme cuatro tiros”.

Todos los autores coinciden en que Calvo Sotelo sabía que era un objetivo. Sus contactos con los militares de la Unión Militar Española, ante el golpe inminente que se preparaba, eran bien conocidos. Él se quejó al ministerio de que no se sentía protegido por los escoltas que le habían proporcionado, sino espiado. Y solicitó el cambio. Además, sus amigos debían temer un atentado, porque le regalaron un coche Buick blindado e, incluso, le invitaron a una prueba de resistencia del blindaje.

Calvo Sotelo se sienta en el tercer departamento, en el banco cuarto de la camioneta 17, entre dos guardias. Detrás de él, los cuatro jóvenes socialistas. El vehículo arranca y, a unos 200-300 metros, en la misma calle Velázquez, se oyen dos detonaciones. Calvo Sotelo cae fulminado con dos balas en la nuca. El autor de los disparos es Luis Cuenca, un personaje de pésima reputación del que se dice que ha sido guardaespaldas en Cuba del dictador Machado, por lo que se le conoce como ‘El Cubano’ y ‘El Pistolero’.

La camioneta se dirige al cementerio del Este –hoy conocido como de la Almudena – y se deja el depósito en el cadáver, con explicaciones vagas a los sepultureros de guardia de que el muerto era un sereno que ha fallecido en la calle y que, al día siguiente, se proporcionaría la documentación pertinente.

Los rumores de la muerte del líder derechista comienzan a correr. Al confirmarse, al mediodía, el estupor es inerrable. Julián Zugazagoitia, editor del periódico El Socialista, se entera por el propio Cuenca de la muerte y musita: “Este atentado es la guerra”. Los diputados solicitan una sesión de Cortes pero, ante el miedo de que acudan armados y se disparen en el hemiciclo, se suspende. No volverá a reunirse un parlamento plural hasta 40 años después.

El velatorio de Calvo Sotelo, en el propio cementerio, coincide con el entierro del teniente Castillo, con nuevos incidentes y peleas que se prolongaron durante el sepelio del político, con cinco muertos y 30 heridos.

Cuatro días después, comenzaba la guerra civil. Se han vertido ríos de tinta sobre si el asesinato espoleó su inicio. La inmensa mayoría de historiadores coincide en que todo estaba listo para el ‘Alzamiento’. Paul Preston recoge el testimonio de Dora Lennard, la profesora de inglés de Franco, que le ve “diez años más viejo” tras enterarse de la noticia de la muerte del político. Al acabar la lección, manda a su mujer y a su hija a un lugar seguro y viaja a Marruecos. Comenzaba a correr la sangre.

Apoyo 1: La investigación

Al identificarse el cadáver de Calvo Sotelo, comenzaron las detenciones e interrogatorios de los guardias de Asalto implicados. El mismo 13 de julio, por la tarde, los forenses Antonio Piga y Blas Aznar inspeccionan la camioneta 17. Pese a que ha sido lavada a fondo dos veces y que la hostilidad de los presentes les impide tomar fotografías, se hallan rastros de sangre y varios pelos.

El doctor Antonio Piga también está presente en el cementerio del Este, en el reconocimiento y autopsia del cadáver. Era uno de los médicos más reputados de Madrid, acababa de terminar su mandato al frente del Colegio de Médicos de la capital. Aparece en la impresionante foto que tomó Alfonso, mirando el cuerpo con un puro en la mano y cara desolada. Se dice que Alfonso se disfrazó con una bata de sanitario para poder acceder a la sala y hacer la instantánea.

El sumario que se inició, depositado en el Ministerio de Gobernación, fue robado el 25 de julio a punta de fusil por un grupo de milicianos. Tres días antes, el 22, murió Luis Cuenca en el frente de Somosierra. Condés fue herido en un pulmón en ese mismo frente y trasladado a Chamartín –entonces un pueblo fuera de Madrid –, donde falleció el 23 de julio. 

Apoyo 2: La Guardia de Asalto

Una de las primeras decisiones de las autoridades republicanas fue la creación de un cuerpo policial, ya que se consideraba que la Guardia Civil no era leal al régimen. Así, el 17 de mayo de 1931 se reorganiza el Cuerpo de Seguridad, incorporando a las denominadas ‘Compañías de Vanguardia’, que pronto pasarán a llamarse ‘Sección de Guardias de Asalto’ aunque, popularmente, siempre se la llamará ‘Guardia de Asalto’. Su principal objetivo es actuar cuando se produzcan aglomeraciones o si intente alterar el orden público y se les dota con los equipos más modernos para hacerlo.

En febrero de 1932 vuelve a cambiar de nombre oficial, a ‘Cuerpo de Seguridad y Asalto’, siendo su primer jefe el entonces teniente coronel Agustín Muñoz Grandes. Pero, once meses después, la reputación del cuerpo se desmorona en los denominados ‘sucesos de Casas Viejas’, una masacre de 26 anarquistas en un pequeño pueblo gaditano que terminará causando la caída del gobierno de Azaña y propiciando el bienio radical-cedista.

Tras el 18 de julio, la Guardia de Asalto permanece fiel a la República en su gran mayoría y se acaba convirtiendo en una unidad de élite del ejército republicano, participando en la toma de Belchite, entre otras acciones. El cuerpo sería disuelto tras la victoria franquista. Los pocos miembros que no fueron depurados, pasaron a formar parte de la nueva Policía Armada que, por su uniforme grisáceo, serían popularmente conocidos como ‘los grises’.

     

 

 

    

  

miércoles, 15 de julio de 2026

La Odisea, la historia más grande jamás contada

 

Parecía que no iba a llegar nunca, pero aquí está. Tras más de un año de bombardeo mediático, ha llegado por fin la versión de Christopher Nolan de la obra de Homero, que sigue vigente 28 siglos después de ser escrita: las ganas de volver a casa, el amor por encima de todo o la venganza como sentimientos que no han cambiado, aunque cambien los milenios. Y las guerras, claro. Las putas guerras.

No he querido ver imágenes o trailers antes de ver la cinta. Y las primeras sensaciones, cuando la sala se pone a oscuras, son que Nolan nos está troleando: vemos al rapero Travis Scott interpretando a un bardo que da comienzo a la historia, con Elliot Page como Sinón, el guerrero más valiente de los griegos que se queda solo en la playa de Troya, guardando al famoso caballo de madera.

La trama no tarda en arrancar y tenemos, como en la obra original, a Ulises con la ninfa Calipso, con una historia que va avanzando de manera muy fluida a base de flashbacks y flashforwards y que, a pesar de durar casi tres horas, no se me hizo pesada. Aunque es cierto que iba rendido, probablemente es mi libro favorito y, de hecho, lo estoy releyendo ahora.

Damon está a la altura en el papel de Ulises, uniendo astucia, remordimiento, ira, fisicidad y pasión. El resto del reparto es espectacular, con Zendaya como Atenea, la eterna acompañante del héroe; Tom Holland como el joven Telémaco; un Robert Pattison que se lleva el agradecido papel del malvado Antinoo o un Jon Leguizamo muy eficaz como el fiel Eumeo.

Destacan sobre todo los papeles femeninos de Anne Hathaway como la sufriente Penélope, en una interpretación muy naturalista; Charlize Theron como Calipso; la siempre inquietante Mia Goth como la traidora Melanto y, sobre todo, la gran Samantha Morton como Circe. El papel de Lupita Nyongo es apenas una anécdota y, probablemente, otra troleada de Nolan.

En el pase de prensa vimos la versión en 70 mm, con una fotografía, a cargo de Hoyte van Hoytema,  cruda, con mucho grano y de colores fríos, alejada de los estándares de las superproducciones, acentuando un vestuario muy sobrio y unos paisajes naturales espectaculares, la mayoría mediterráneos (aunque hay una escena estremecedora rodada en Islandia), que permiten admirar escenas de navegación y lucha. La iluminación, que usa leds para imitar a las antorchas y velas, es realista, mostrando palacios e interiores sombríos.

Las escenas se van desarrollando, alternando la toma de Troya con aventuras de Ulises tan conocidas como la del cíclope, las sirenas, los lestrigones o Escila y Caribdis. Nolan se atreve a cambiar aspectos de la obra de Homero y logra, en la mayoría de ocasiones, hacerla más clara y fluida y darle verosimilitud. Por supuesto que habrá gente que hablará que el vestuario, los barcos o la arquitectura no son los de la época, pero a mí me parecieron bien integrados en la trama.

La música de Ludwig Goranson es omnipresente, mezclando instrumentos musicales de la Grecia arcaica con sintetizadores y coros, con un resultado muy heterogéneo y atractivo.

Al final, queda una sensación de que Nolan vence en el reto. Son casi tres horas que no se me han hecho largas y que me han dejado ganas de volver a ver la película en el IMAX para disfrutar de nuevo de los detalles (y ver las diferencias). Tengo curiosidad de saber cómo responde la taquilla a este desafío de 250 millones de euros. 

Y, por supuesto, seguiré leyendo la maravillosa epopeya de Homero y pensando cómo, casi 3.000 años después, nos desayunamos con noticias de guerra cada día. Porque Troya sigue -y lamentablemente seguirá- ardiendo.

viernes, 12 de junio de 2026

El día de la revelación: con Spielberg, todo fluye


 El gran Steven Spielberg cumplirá 80 años este diciembre. Y después de ver El día de la revelación, que ahora llega a nuestras pantallas, sigue en completa forma

Basada en un argumento suyo, que ha guionizado su compinche David Koepp, la película es una superproducción de 115 millones de dólares. Y empieza en todo lo alto, en un espectáculo de lucha libre que sitúa al espectador en medio del ring.

Poco a poco, nos va llegando información, con un personaje -que encarna Josh O’Connor- al que todos persiguen sin saber el motivo y que poco a poco iremos sabiendo. En paralelo, vemos a una presentadora del tiempo -Emily Blunt- que no está contenta con su vida y que trabaja en una emisora en el medio oeste. De repente, emite un extraño mensaje en directo y su vida comienza a sufrir cambios. Y, de nuevo, comienza a ser perseguida por unos villanos que lidera Colin Firth, en un papel muy alejado de los que suele realizar.

Aparece un cuarto personaje clave, que encarna Colman Domingo, que irá guiando a los protagonistas a cumplir una misión de la que nos vamos enterando a la vez que ellos. Y, en medio de todo, una situación prenuclear que amenaza con destruir la Tierra.

Resulta complicado contar más detalles sin dar espoilers. Solo comentar que el estupendo  guion de Koepp va guardándose los ases y los va lanzando a la mesa de una manera magistral y, cuando acaba la partida, te queda una estupenda sensación. En un momento dado, uno de los personajes subraya que, en la vida, todo fluye. Y la película no deja de hacerlo.

Quizá la única crítica es un CGI poco acertado al mostrar algunos animales.

En estos tiempos de individualismo, Spielberg apuesta por la empatía, por escuchar los problemas de los demás. Por pararnos a preguntarnos qué podemos cambiar de nuestras vidas. Y lo hace con recuerdos de películas maravillosas como ET, Encuentros en la Tercera Fase, Inteligencia Artificial e incluso Tiburón. La banda sonora de John Williams (¿quizá su último trabajo?) da alguna pincelada que recuerda a partituras previas, incluso a la Marcha Imperial de Star Wars.

La fotografía de Janusz Kaminski es oscura, basada en colores fríos, supongo que un reflejo de los tiempos que vivimos. La cámara gira en torno a los personajes y me metió muchísimo en la película. Mención aparte a las escenas de acción, a las persecuciones y, especialmente, un set piece en un paso a nivel de trenes.

Las interpretaciones de los cuatro protagonistas son excelentes, especialmente la fragilidad que Blunt y O’Connor. Entre los secundarios, me sorprendió gratamente Eve Hewson, la hija de Bono de U2, como pareja de O’Connor, en un papel aún más vulnerable.

Mi consejo es llegar al visionado de la película con mínima información, porque creo que los spoilers arruinan toda la experiencia.

Ojalá Spielberg nos regale alguna película más, antes de su más que merecida jubilación. Y ojalá sea igual de fascinante -o más- que El día de la revelación. Y recordar escuchar a las personas que tengáis al lado.

 

  

viernes, 20 de febrero de 2026

El agente secreto: una maravilla que se queda en mi cabeza

 


Kleber Mendonça Filho ganó el premio a la mejor dirección y el Fipresci en el último Festival de Cannes y Wagner Moura ganó el galardón al mejor actor en el último festival de Cannes por esta historia que nos lleva al Brasil de 1977, con una dictadura militar que persigue de manera implacable a los enemigos del Régimen.

Desde el principio vemos el clima de violencia, de corrupción, de carnaval, de música omnipresente. Marcelo huye por un motivo que apenas se explica y logra refugiarse en un vecindario en el que hay más personas perseguidas, como él. El guion del propio Kleber, con un título equívoco, va desentrañando historias que me acabaron atrapando durante las más de dos horas y media de la cinta, transmitiendo el calor brasileño, la sensualidad, maravillosos guiños cinéfilos y toques de magia e incluso de humor a pesar del drama que crean un cóctel formidable.

En estos tiempos en que se dan los argumentos mascados, repitiendo una y otra vez la trama por si pierdes el hilo porque estás atento al móvil, es de agradecer el ritmo moroso que va atrapando, que no sabes bien a dónde te lleva, con flashbacks y flashforwards, en tres partes bien diferenciadas y una traca final apoteósica.

La interpretación de Moura es antológica, con una merecida nominación al Oscar. Lo mismo sucede con el estupendo resto del casting, también nominado, con el papel póstumo de Udo Kier y una larga lista de estupendos actores brasileños.

Al final, queda una sensación de violencia permanente en el paraíso, una especie de Gran Hermano que vigilaba a todos los brasileños, un infierno tropical asfixiante. Una película interesantísima, lenta, para degustar despacio y que queda en tu cabeza dando vueltas.  

martes, 30 de diciembre de 2025

Estrenos de año nuevo: La asistenta y Rondallas

 


La asistenta: triple salto mortal

Una joven -Sydney Sweeney-, con un pasado complicado, comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester, interpretados por Amanda Seyfried y Brandon Sklenar. A medida que se adentra en la vida de la familia, descubrirá secretos oscuros que pondrán en peligro su seguridad, pero quizá ya sea demasiado tarde...

Apenas cuatro líneas de sinopsis para uno de los blockbusters de la temporada. Una historia de la que mejor no desvelar nada y que me atrapó desde el principio aunque iba con cero expectativas. Ignoraba la existencia del libro de Freida McFadden, que he debido de ver decenas de veces en los escaparates sin fijarme. Y que ha tenido tal éxito que ha dado lugar a dos secuelas, que no me extrañaría que se adapten al cine si esta primera entrega tiene éxito.

Secretos tras la puerta, miradas que pueden significar más de lo que parecen, objetos en herencia, escaleras hacia el ático… El thriller sucede prácticamente por entero tras las paredes de una lujosa mansión a las afueras de Nueva York, que se convierte en un espacio angustioso, con una trama que va dando giros verosímiles hasta una traca final donde se descubre, de manera bien dosificada y con gotas de gore toda la historia.

Sweeney borda su papel como una joven con misterios que no puede contar, aportando fragilidad y, a la vez fortaleza cuando es necesario. El papel de Amanda Seyfried es más lucido, con cambios de humor que desconciertan y mantienen en tensión. Ambas son productoras ejecutivas, lo que evidencia que sus papeles están escritos a medida en el guion de Rebeca Sonnenshine. Brandon Sklenar cierra el triángulo, como el, en principio, encantador marido. Y, cuando la trama se desencadena, se luce. Y Elizabeth Perkins está extraordinaria en un breve papel en el que roba las pocas escenas en las que aparece.

La dirección de Paul Feig está al servicio de sus estrellas, con una banda sonora de voces femeninas destacadas como Sabrina Carpenter, Lana del Rey, Kelly Clarkson, Taylor Swift o Linda Rondstadt.

Al final, queda una historia que actualiza, en cierto modo, La mano que mece la cuna mezclada con Instinto básico, con un toque pulp y una denuncia eficaz de los malos tratos y el abuso. ¿Volvemos al thriller erótico de los 90?



Rondallas: el poder de la música

Un pequeño pueblo gallego sin nombre se ve sacudido por un naufragio en alta mar, en el que mueren varios pescadores. Tras un par de años en shock, la única manera de seguir hacia adelante es retomar la rondalla, una agrupación musical típica de la zona que incluye desde niños hasta ancianos, y participar en un certamen local.

Daniel Sánchez Arévalo ha vuelto al largometraje seis años después de Diecisiete. Y lo hace escribiendo y dirigiendo una historia coral encabezada por el siempre eficaz Javier Gutiérrez y un amplio reparto en el que destacan María Vázquez, Judith Fernández -con uno de los papeles más lucidos-, un divertido Tamar Novas (en trío cómico con Carlos Blanco y Xosé Touriñán), el joven Fernando Fraga y Marta Larralde.

El guion aborda la precariedad, de la dureza de la vida en el mar, de los conflictos con los seguros, la falta de oportunidades en los pueblos, las adolescencias problemáticas, la dificultad de iniciar una nueva relación tras un trauma, de compromiso, de amistad… Y todo ello permeado por la música de la rondalla, que ejerce de aglutinante para que el pueblo no se descomponga.

Tras el planteamiento y los ensayos, la trama se dirige a un final en el concurso de rondallas, donde Sánchez Arévalo se luce moviendo a las masas de músicos, en un apoteosis de sonidos que pone el broche a una comedia dramática que hace que salgas del cine con una sonrisa. Qué más se puede pedir a una feel good movie…

 

 

sábado, 13 de diciembre de 2025

Formato físico (una aventura urbana)

 


“En la calle A.A. esquina A.M. hay tres bolsas llenas de DVDs”, rezaba el whatsapp que me mandó Raquel a las 17,54 de hoy. Tardé más de una hora en verlo, estaba escribiendo. Pero salté a la calle en cuanto lo vi. Llegué corriendo, las bolsas seguían allí, aunque se habían llevado ya la bolsa de Carrefour. Llevaba una mochila, pensando que poco habría que rascar.

Pero había un tesoro. Unas 300 películas, impecables, sin polvo, con su correspondiente disco dentro de cada caja. Así que tocó hacer la criba. Estas fueron las ¡46! elegidas para acompañarme a casa.

Clásicos:

-        Breve encuentro (en Bluray)

-        12 hombres sin piedad

-        Un hombre para la eternidad

-        Vacaciones en Roma

-        Sabrina

-        Dos en la carretera

-        El gatopardo

Españolas:

-        A cambio de nada

-        El verdugo

-        El viaje a ninguna parte

-        Amanece, que no es poco

-        Bienvenido, Mr Marshall

-        Los tramposos

-        Canciones para después de una guerra

-        Plácido

Clásicos contemporáneos:

-        La red social

-        Hairspray (pirateada, único error del lote)

-        Closer

-        Love actually

-        Call me by your name

-        Trenes rigurosamente vigilados

-        Expiación

-        El festín de Babette

-        Europa (Lars von Trier)

-        Dublineses

-        Whiplash

-        Una habitación con vistas

-        La vida es un milagro

-        Enrique V

-        Lock and stock

-        Zodiac

-        El coleccionista

-        El filo de la navaja

-        El cielo protector

-        La vida de Brian

Retractiladas

-        Primera plana (Bluray)

-        Leaving Las Vegas

-        Tierras de penumbra

-        Million Dollar Baby

-        La batalla de Argel

-        Las Troyanas

-        Cadena perpetua

-        Le llaman Bodhi

-        La caza (Saura)

-        Muerte de un ciclista

Series

-        The americans (temporada 1)

¿De quién serían? Supongo que de alguien que ha fallecido. Y la familia se ha dignado ha acercar las bolsas al contenedor. Sé que muchas están en plataformas, pero uno es tan raro que le gustan los extras y los audiocomentarios.

Sé que el dueño de estas películas jamás leerá esto. Ni probablemente lo harán sus familiares tampoco. Pero quiero que sepas (o sepáis) que las vamos a disfrutar mucho en casa.

Y me pregunto qué pasará con los centenares de películas (y miles de libros y discos) que tengo por casa el día que me muera…

Cuando estaba terminando, se me ha acercado una pareja y han comentado que cuántas películas maravillosas, pero qué pena que no tenían reproductor para verlas… A la vez, ha llegado un chico italiano y, cuando se ha enterado de la historia, ha llamado a su novia para que se acercara a ver las películas que he dejado. No he querido mirar atrás mientras oía su conversación en el teléfono.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Roofman y Blue Moon: dos películas muy distintas y muy interesantes

 

Parece que el cine actual está atrapado entre franquicias, películas infantiles y cintas basadas en hechos reales. Roofman, que se estrena hoy, es un ejemplo de esto último. Y es una (muy) buena película que aparece en algunas listas como una de las mejores del año. Está basada en un historia increíble: la de un exsoldado que no puede mantener a su familia, por lo que opta por cruzar la línea y atracar hamburgueserías por un agujero en el techo. Su innovador método le dará su alias y se convertirá en protagonista de programas de sucesos e informativos.

Cuando lo descubre la policía, comienza una asombrosa huida que me tuvo pegado al asiento, con giros cada vez más fascinantes y que llevan a un final vertiginoso y las habituales imágenes reales finales, para que podamos comparar ficción y lo que verdaderamente sucedió.

El guión, del director Derek Cianfrance -al que conocimos por The Sound of Metal- está al servicio de un Channing Tatum que está estupendo como actor cómico, con toques de sensibilidad que te hacen empatizar con el personaje. La réplica, excelente, se la da Kirsten Dunst. A Peter Dinklage le toca el papel de un auténtico capullo, lo que hace la película aún más divertida. Los personajes secundarios que encarnan Ben Mendelsohn y Juno Temple añaden aún más atractivo.

Al final, queda esa radiografía de los Estados Unidos profundos, con suburbios que son idénticos en todo el país, con su McDonald’s, su ToysRus, su iglesia como aglutinante de la comunidad o esos moteles iguales vayas donde vayas.

Y unos personajes que intentan sobrevivir en la precariedad, que toman decisiones equivocadas y que, sin saberlo, se van hundiendo en un sistema que los devora.

Los 126 minutos de la película se me pasaron como un suspiro, excepto en un par de ocasiones. Pero la experiencia fue muy satisfactoria y salí de la sala con un muy buen sabor de boca. Una cinta muy recomendable con una historia que no te crees si te la cuentan. ¿Una de las mejores del año? Quizá.  

Blue Moon

Linklater y Hawke escriben una página más de su larga historia en común, con una película extraña, artificiosa, con aspectos fascinantes sobre la vida del letrista Lorenzo Hart. Y lo hace sin tomar prisioneros: Hart muere en la primera escena del largometraje y retrocedemos en un flashback a siete meses antes, a la noche del estreno del musical Oklahoma en plena II Guerra Mundial, en la que comienza su descenso a los infiernos, corroído por el alcohol en el mítico bar Sardi’s, mientras espera que lleguen los protagonistas y autores de la obra.

La película tiene un extraño acento teatral, aunque no está basada en una obra de teatro sino en las cartas que Hart escribió a su última musa, Elizabeth Weiland, que encarna Margaret Qualley, en una relación entre la fascinación el morbo y el voyeurismo. La obstinación de Linklater por mostrar la pequeña estatura de Hart hace que apueste por encuadres extraños que no terminé de entender. El extraño peinado de cortinilla (o de ensaimada) que luce Hawke tampoco ayuda.

La historia se articula por las conversaciones con varios personajes: además de Weiland, un fiel camarero -Bobby Cannavale- que le sirve alcohol aunque sabe que no puede; un joven pianista aspirante a compositor que le pide consejo mientras interpreta standards y, sobre todo, la relación con Rogers, un Andrew Scott premiado por este papel en Berlín que parece haber recibido el galardón como una pedrea a la película por no haber podido dar el Oso a Hawke.

Hart sabe que su vida se desmorona y trata de aferrarse a Rogers como el náufrago a una tabla. Pero el compositor ya ha comenzado a trabajar con Hammerstein. Y juntos se convertirán, a partir de esa noche de éxito, en la pareja mítica de los musicales y el cancionero clásico estadounidense.

La película refleja bien ese punto de inflexión, esa momento en la que las vidas de casi todos van a cambiar: ya se oyen los ecos del fenómeno fan que está provocando Frank Sinatra y que va a revolucionar el mundo del espectáculo.

Y queda la música, claro. Decenas de melodías maravillosas, además de Blue Moon, que van sonando al fondo en el piano y que van punteando la acción. El conjunto, al final, es bueno. Y desolador: un talento que se va descomponiendo pese a que está tocado por la gracia del arte. Un gran Hawke que seguirá pariendo películas tan notables como esta. Un recuerdo a esa música que descubrí oyendo a Carlos Pumares entre las sábanas, hace tantos años. Y ese Linklater que no para, porque estoy deseando ver ya Nouvelle Vague. Que no pare nunca el cine.