viernes, 12 de junio de 2026

El día de la revelación: con Spielberg, todo fluye


 El gran Steven Spielberg cumplirá 80 años este diciembre. Y después de ver El día de la revelación, que ahora llega a nuestras pantallas, sigue en completa forma

Basada en un argumento suyo, que ha guionizado su compinche David Koepp, la película es una superproducción de 115 millones de dólares. Y empieza en todo lo alto, en un espectáculo de lucha libre que sitúa al espectador en medio del ring.

Poco a poco, nos va llegando información, con un personaje -que encarna Josh O’Connor- al que todos persiguen sin saber el motivo y que poco a poco iremos sabiendo. En paralelo, vemos a una presentadora del tiempo -Emily Blunt- que no está contenta con su vida y que trabaja en una emisora en el medio oeste. De repente, emite un extraño mensaje en directo y su vida comienza a sufrir cambios. Y, de nuevo, comienza a ser perseguida por unos villanos que lidera Colin Firth, en un papel muy alejado de los que suele realizar.

Aparece un cuarto personaje clave, que encarna Colman Domingo, que irá guiando a los protagonistas a cumplir una misión de la que nos vamos enterando a la vez que ellos. Y, en medio de todo, una situación prenuclear que amenaza con destruir la Tierra.

Resulta complicado contar más detalles sin dar espoilers. Solo comentar que el estupendo  guion de Koepp va guardándose los ases y los va lanzando a la mesa de una manera magistral y, cuando acaba la partida, te queda una estupenda sensación. En un momento dado, uno de los personajes subraya que, en la vida, todo fluye. Y la película no deja de hacerlo.

Quizá la única crítica es un CGI poco acertado al mostrar algunos animales.

En estos tiempos de individualismo, Spielberg apuesta por la empatía, por escuchar los problemas de los demás. Por pararnos a preguntarnos qué podemos cambiar de nuestras vidas. Y lo hace con recuerdos de películas maravillosas como ET, Encuentros en la Tercera Fase, Inteligencia Artificial e incluso Tiburón. La banda sonora de John Williams (¿quizá su último trabajo?) da alguna pincelada que recuerda a partituras previas, incluso a la Marcha Imperial de Star Wars.

La fotografía de Janusz Kaminski es oscura, basada en colores fríos, supongo que un reflejo de los tiempos que vivimos. La cámara gira en torno a los personajes y me metió muchísimo en la película. Mención aparte a las escenas de acción, a las persecuciones y, especialmente, un set piece en un paso a nivel de trenes.

Las interpretaciones de los cuatro protagonistas son excelentes, especialmente la fragilidad que Blunt y O’Connor. Entre los secundarios, me sorprendió gratamente Eve Hewson, la hija de Bono de U2, como pareja de O’Connor, en un papel aún más vulnerable.

Mi consejo es llegar al visionado de la película con mínima información, porque creo que los spoilers arruinan toda la experiencia.

Ojalá Spielberg nos regale alguna película más, antes de su más que merecida jubilación. Y ojalá sea igual de fascinante -o más- que El día de la revelación. Y recordar escuchar a las personas que tengáis al lado.

 

  

viernes, 20 de febrero de 2026

El agente secreto: una maravilla que se queda en mi cabeza

 


Kleber Mendonça Filho ganó el premio a la mejor dirección y el Fipresci en el último Festival de Cannes y Wagner Moura ganó el galardón al mejor actor en el último festival de Cannes por esta historia que nos lleva al Brasil de 1977, con una dictadura militar que persigue de manera implacable a los enemigos del Régimen.

Desde el principio vemos el clima de violencia, de corrupción, de carnaval, de música omnipresente. Marcelo huye por un motivo que apenas se explica y logra refugiarse en un vecindario en el que hay más personas perseguidas, como él. El guion del propio Kleber, con un título equívoco, va desentrañando historias que me acabaron atrapando durante las más de dos horas y media de la cinta, transmitiendo el calor brasileño, la sensualidad, maravillosos guiños cinéfilos y toques de magia e incluso de humor a pesar del drama que crean un cóctel formidable.

En estos tiempos en que se dan los argumentos mascados, repitiendo una y otra vez la trama por si pierdes el hilo porque estás atento al móvil, es de agradecer el ritmo moroso que va atrapando, que no sabes bien a dónde te lleva, con flashbacks y flashforwards, en tres partes bien diferenciadas y una traca final apoteósica.

La interpretación de Moura es antológica, con una merecida nominación al Oscar. Lo mismo sucede con el estupendo resto del casting, también nominado, con el papel póstumo de Udo Kier y una larga lista de estupendos actores brasileños.

Al final, queda una sensación de violencia permanente en el paraíso, una especie de Gran Hermano que vigilaba a todos los brasileños, un infierno tropical asfixiante. Una película interesantísima, lenta, para degustar despacio y que queda en tu cabeza dando vueltas.