El gran Steven Spielberg cumplirá 80 años este diciembre. Y después de ver El día de la revelación, que ahora llega a nuestras pantallas, sigue en completa forma
Basada en un argumento suyo, que ha guionizado su compinche David
Koepp, la película es una superproducción de 115 millones de dólares. Y empieza
en todo lo alto, en un espectáculo de lucha libre que sitúa al espectador en medio
del ring.
Poco a poco, nos va llegando información, con un personaje -que
encarna Josh O’Connor- al que todos persiguen sin saber el motivo y que poco a
poco iremos sabiendo. En paralelo, vemos a una presentadora del tiempo -Emily Blunt-
que no está contenta con su vida y que trabaja en una emisora en el medio oeste.
De repente, emite un extraño mensaje en directo y su vida comienza a sufrir
cambios. Y, de nuevo, comienza a ser perseguida por unos villanos que lidera
Colin Firth, en un papel muy alejado de los que suele realizar.
Aparece un cuarto personaje clave, que encarna Colman Domingo,
que irá guiando a los protagonistas a cumplir una misión de la que nos vamos
enterando a la vez que ellos. Y, en medio de todo, una situación prenuclear que
amenaza con destruir la Tierra.
Resulta complicado contar más detalles sin dar espoilers. Solo
comentar que el estupendo guion de Koepp
va guardándose los ases y los va lanzando a la mesa de una manera magistral y,
cuando acaba la partida, te queda una estupenda sensación. En un momento dado,
uno de los personajes subraya que, en la vida, todo fluye. Y la película no
deja de hacerlo.
Quizá la única crítica es un CGI poco acertado al mostrar
algunos animales.
En estos tiempos de individualismo, Spielberg apuesta por la
empatía, por escuchar los problemas de los demás. Por pararnos a preguntarnos
qué podemos cambiar de nuestras vidas. Y lo hace con recuerdos de películas
maravillosas como ET, Encuentros en la Tercera Fase, Inteligencia Artificial e
incluso Tiburón. La banda sonora de John Williams (¿quizá su último trabajo?)
da alguna pincelada que recuerda a partituras previas, incluso a la Marcha Imperial
de Star Wars.
La fotografía de Janusz Kaminski es oscura, basada en
colores fríos, supongo que un reflejo de los tiempos que vivimos. La cámara gira
en torno a los personajes y me metió muchísimo en la película. Mención aparte a
las escenas de acción, a las persecuciones y, especialmente, un set piece en un
paso a nivel de trenes.
Las interpretaciones de los cuatro protagonistas son
excelentes, especialmente la fragilidad que Blunt y O’Connor. Entre los
secundarios, me sorprendió gratamente Eve Hewson, la hija de Bono de U2, como
pareja de O’Connor, en un papel aún más vulnerable.
Mi consejo es llegar al visionado de la película con mínima
información, porque creo que los spoilers arruinan toda la experiencia.
Ojalá Spielberg nos regale alguna película más, antes de su
más que merecida jubilación. Y ojalá sea igual de fascinante -o más- que El día
de la revelación. Y recordar escuchar a las personas que tengáis al lado.
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