martes, 30 de diciembre de 2025

Estrenos de año nuevo: La asistenta y Rondallas

 


La asistenta: triple salto mortal

Una joven -Sydney Sweeney-, con un pasado complicado, comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester, interpretados por Amanda Seyfried y Brandon Sklenar. A medida que se adentra en la vida de la familia, descubrirá secretos oscuros que pondrán en peligro su seguridad, pero quizá ya sea demasiado tarde...

Apenas cuatro líneas de sinopsis para uno de los blockbusters de la temporada. Una historia de la que mejor no desvelar nada y que me atrapó desde el principio aunque iba con cero expectativas. Ignoraba la existencia del libro de Freida McFadden, que he debido de ver decenas de veces en los escaparates sin fijarme. Y que ha tenido tal éxito que ha dado lugar a dos secuelas, que no me extrañaría que se adapten al cine si esta primera entrega tiene éxito.

Secretos tras la puerta, miradas que pueden significar más de lo que parecen, objetos en herencia, escaleras hacia el ático… El thriller sucede prácticamente por entero tras las paredes de una lujosa mansión a las afueras de Nueva York, que se convierte en un espacio angustioso, con una trama que va dando giros verosímiles hasta una traca final donde se descubre, de manera bien dosificada y con gotas de gore toda la historia.

Sweeney borda su papel como una joven con misterios que no puede contar, aportando fragilidad y, a la vez fortaleza cuando es necesario. El papel de Amanda Seyfried es más lucido, con cambios de humor que desconciertan y mantienen en tensión. Ambas son productoras ejecutivas, lo que evidencia que sus papeles están escritos a medida en el guion de Rebeca Sonnenshine. Brandon Sklenar cierra el triángulo, como el, en principio, encantador marido. Y, cuando la trama se desencadena, se luce. Y Elizabeth Perkins está extraordinaria en un breve papel en el que roba las pocas escenas en las que aparece.

La dirección de Paul Feig está al servicio de sus estrellas, con una banda sonora de voces femeninas destacadas como Sabrina Carpenter, Lana del Rey, Kelly Clarkson, Taylor Swift o Linda Rondstadt.

Al final, queda una historia que actualiza, en cierto modo, La mano que mece la cuna mezclada con Instinto básico, con un toque pulp y una denuncia eficaz de los malos tratos y el abuso. ¿Volvemos al thriller erótico de los 90?



Rondallas: el poder de la música

Un pequeño pueblo gallego sin nombre se ve sacudido por un naufragio en alta mar, en el que mueren varios pescadores. Tras un par de años en shock, la única manera de seguir hacia adelante es retomar la rondalla, una agrupación musical típica de la zona que incluye desde niños hasta ancianos, y participar en un certamen local.

Daniel Sánchez Arévalo ha vuelto al largometraje seis años después de Diecisiete. Y lo hace escribiendo y dirigiendo una historia coral encabezada por el siempre eficaz Javier Gutiérrez y un amplio reparto en el que destacan María Vázquez, Judith Fernández -con uno de los papeles más lucidos-, un divertido Tamar Novas (en trío cómico con Carlos Blanco y Xosé Touriñán), el joven Fernando Fraga y Marta Larralde.

El guion aborda la precariedad, de la dureza de la vida en el mar, de los conflictos con los seguros, la falta de oportunidades en los pueblos, las adolescencias problemáticas, la dificultad de iniciar una nueva relación tras un trauma, de compromiso, de amistad… Y todo ello permeado por la música de la rondalla, que ejerce de aglutinante para que el pueblo no se descomponga.

Tras el planteamiento y los ensayos, la trama se dirige a un final en el concurso de rondallas, donde Sánchez Arévalo se luce moviendo a las masas de músicos, en un apoteosis de sonidos que pone el broche a una comedia dramática que hace que salgas del cine con una sonrisa. Qué más se puede pedir a una feel good movie…

 

 

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